Las cosas buenas de la vida no se buscan,
se encuentran sin querer.
Pero queriendo hay que conservarlas,
porque de lo contrario se atrofian,
se disuelven en la nada.

Tanto me ha costado quedarme con cosas buenas de la vida,
que no puedo entender cómo ahora, simplemente queriéndolo,
termino haciendo añicos lo único que me ha hecho bien,
lo único sin lo cual sé que no puedo vivir.

Y lloro porque m duele ser tan idiota,
tan imbécil, tan insensible a los demás,
tan poco actriz como para que no se noten mis desconciertos
y mis heridas.

Pero no, soy lo que soy: una estúpida.
Y aunque puedo controlarlo la mayor parte del tiempo,
no puedo cuando hay personas que me superan.
Y aún así no hay excusa,
nunca hay excusas para lo que yo hago:
todo lo que hago es mi responsabilidad.

Acá estoy, llorando sola,
consumiéndome en lágrimas,
queriéndome morir...
Y, quién sabe,
tal vez lo logre...

Ojalá lo logre.



Son las ideas que caen en mi mente gastada,
que por mis hombros resbalan,
enredadas en mi cabello,
pero no se caen si no que se quedan
en mi pies pegadas,
impidiendo que que me mueva,
que avanze, que salte o que frite.

Son ideas que lastiman, que queman,
pero no puedo vivir sin ellas,
aunque ellas no me dejan vivir.